y me dijeron que el camino era complicado, que estaba lleno de obstáculos, pero no les hice caso.
Me adentre por esos lares apartados y dejados de la mano de dios. Frecuente antros y cantinas, y seguí jugando contra el destino mi sino tirando los dados, sin saber que es lo que va saliendo en cada tirada. Acariciando, levemente, el cristal empañado por el Capitan Morgan, que llena mi vaso con hielos. Sumergido en ese ambiente de timbas ilegales y con los ojos rojos por el humo acumulado de cigarrillos y puros...
A las seis de la mañana ya hace largo rato que olvide sentir. El alcohol empaña con una nube todos mis sentidos. Abandonado por sus vapores dejo de pensar en la intensidad con la que me maltrata la vida y puedo dejarme llevar por su mágico canto e imaginar que mas allá del cielo añil hay un lugar donde descargar todos lo agobios y penas de mi triste existencia.
Y así extraviandome hacia ese onírico mundo me voy sin pensar en las consecuencias del vivir en soledad rodeado por personas que sólo miran por su propia existencia.
Mi mente flota y se diluye junto a los vapores del Capitan Morgan encarcelado en mi mano derecha. Apostando al límite en cada jugada del Black Jack o tirada de la ruleta; rojo, negro o el verde cero... que coño importa ya!. Los colores de la iluminación en la casa de apuestas son tenues, queda noche y excitación de sobra, al apostar todo parece... mmm... si, parece como si todo lo demás dejara de tener sentido o importancia, y se diluyera. El tiempo transcurre a otra velocidad, la mesa con su típico tapete color verde, el hole en mi mano, el flop y el turn sobre el tapete, solo quedan el river y mi on-line sobre la mesa.
He ganado y perdido en esta noche tanto, que dejé de contar las horas póstumas del anochecer.
He ganado y perdido en esta noche tanto, que dejé de contar las horas póstumas del anochecer.
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