y se encontraba perdido, un callejón sin salida, sus temores y peores pesadillas le impedían otear el horizonte y ver más allá de sus propios problemas.
Embarcado en un éxodo hacia una odisea que solo terminará con un final trágico, a rebosar de claroscuros y subidas y caídas cual montaña rusa.
no puede por menos que parar y meditar el rumbo que lleva su vida.
El sino o destino que nos ha tocado experimentar, a cada cuál , ¿acaso se ve reflejado en nuestras vida cual espejo?
o por el contrario¿ podemos escapar de él?
Eterno dilema del hombre aún sin respuesta. Etérea duda sin resolver rematado por un trágico fin, rescatado entre los rescoldos de las ruinas, nuestras antigua opulencia, olvidada iliada de regreso al añorado hogar.
Convertido en extraño en tierra que le vio nacer, la luz del amanecer escurriendo entre las paredes de aquel sombrío lugar. Ocultándose
en antros y locales de alterne, siguiendo dando vueltas al Santa Teresa, con el sonido de los hielos al entrechocar en el cristal, pensando en lo etéreo de la vida y lo volátil de la fortuna, dando tragos sin recordar, sin olvidar.
El ambiente cargado de olor a cigarrillo y a pecado, con dulces oscilaciones de cadera en barra de chicas de ágiles curvas dejando poco uso a la imaginación de los parroquianos y partidas ilegales donde se apuesta hasta el honor.
La noche, fiel testigo de nuestros apetitos mas bajos. Pasiones animales a la luz de la luna.
Embarcado en un éxodo hacia una odisea que solo terminará con un final trágico, a rebosar de claroscuros y subidas y caídas cual montaña rusa.
no puede por menos que parar y meditar el rumbo que lleva su vida.
El sino o destino que nos ha tocado experimentar, a cada cuál , ¿acaso se ve reflejado en nuestras vida cual espejo?
o por el contrario¿ podemos escapar de él?
Eterno dilema del hombre aún sin respuesta. Etérea duda sin resolver rematado por un trágico fin, rescatado entre los rescoldos de las ruinas, nuestras antigua opulencia, olvidada iliada de regreso al añorado hogar.
Convertido en extraño en tierra que le vio nacer, la luz del amanecer escurriendo entre las paredes de aquel sombrío lugar. Ocultándose
en antros y locales de alterne, siguiendo dando vueltas al Santa Teresa, con el sonido de los hielos al entrechocar en el cristal, pensando en lo etéreo de la vida y lo volátil de la fortuna, dando tragos sin recordar, sin olvidar.
El ambiente cargado de olor a cigarrillo y a pecado, con dulces oscilaciones de cadera en barra de chicas de ágiles curvas dejando poco uso a la imaginación de los parroquianos y partidas ilegales donde se apuesta hasta el honor.
La noche, fiel testigo de nuestros apetitos mas bajos. Pasiones animales a la luz de la luna.
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