Estoy tumbado en mi toalla, boca abajo,
El día nublado, hace calor, un padre juega al freesbe con su hijo, niños jugando en la arena y haciendo castillos.
El agua esta fría y el viento me hace pensarme dos veces meterme en el agua y darme un baño.
Tengo claro que o me meto de golpe o no me meto. Un cigarrillo en la boca mientras escribo. Las sombrillas plantadas en la arena llenan de colores la cala; rojas, amarillas, azules, verdes alguna a rayas. Las colchonetas en la arena o con niños subidos en ellas y meciéndose con las olas. Al final decido darme un baño,meto las piernas en el mar, me voy adentrando poco a poco y me sumerjo en el agua. No estaba tan fría, refrescante y cristalina que me deja ver el fondo del mar. Comienzo a nadar y cuando he recorrido unos 50 metros paro, miro a la orilla y al mar, me tumbo de espalda sobre las holas dejando que su balanceo me relaje. Al cabo de unos minutos me incorporo con la cabeza y los hombros apenas sobresaliendo del suave oleaje, y vuelvo nadando hacia la orilla, salgo del agua y dejo que el sol y la brisa marina me vayan secando mientras me tumbo en mi toalla. Las nubes que había solo hace unos minutos se retiran y dejan que los rayos del sol peguen sobre mi cuerpo con todas sus ganas. Me quedo medio dormido.
Después de una hora nos vamos al rionne trastevere a comernos unas pizzas a la orilla de la playa son jose.
Llevo una semana, que se me ha pasado volada. Cada vez queda menos para que coja el autobus y vuelva al ajetreo y las prisas de Madrid.
Con mas ganas de quedarme que de regresar a Madrid.
domingo, 21 de septiembre de 2014
En la cala san José
domingo, 11 de mayo de 2014
Miradas
El crugir de sus pisadas,
el silencio de la noche,
la quietud de las estrellas.
la mar calmada, entonces
y solo entonces lo oigo,
el triste mirar del Norte
y el pálido silencio de
una muerte que se esconde
aguardando el momento
en que mi endeble torre
se desplome, quedando yo
debajo y mis honores
sepultados. Bajo escombros
extendido en el monte
Yaceran mi alma y cuerpo
esperando inmunes donde
se les deje, donde caigan,
a que agua y viento borren,
Del todo, su memoria.
jueves, 20 de marzo de 2014
Miradas en la noche.
No se esperar el día que viene, las horas se abalanzan en una cascada de segundos, eterna, como si al mirar pasar el tiempo a través de un líquido espeso el movimiento quedase congelado en nuestras retinas, captando hasta el mas pequeño detalle. El sonido de una gota de lluvia golpeando contra la chapa de una tienda, el olor a ozono en la atmósfera, tras la lluvia, y un rayo de sol asomando tímido entre las nubes, y mi alma atrapada entre sentimientos contrapuestos.
La noche despejada y luna nueva, el sonido del mar, y la arena de la playa entre los dedos de mis pies, fumando un cigarro con la vista clavada al frente, y la mente muy muy lejos de ese lugar, perdida en recuerdos de una vida que se acabo y no regresará más. El humo hace espirales ascendiendo lentamente, la brisa marina va alejándolo, hasta que se difumina confundiéndose con la noche.
Di otra calada, observé el humo desvanecerse, giré sobre mis pasos avanzando entre las pequeñas dunas hasta la entrada del jardín de la casa, me volví y por última vez miré el mar. Me adentré en el jardín, subí las escaleras y entre en la casa. El cielo empezaba a clarear por el este con un tono rosado azulado, en pocas horas saldría el sol. Sentado frente al ordenador comencé a pulsar el teclado, las palabras se iban sucediendo como el ron que vuelcas en la copa. Un cigarro acompañado de un Santa Teresa y las horas muertas delante de la pantalla del ordenador, las palabras cobrando vida a través de mis dedos. La soledad y la tranquilidad de aquel pequeño pueblo costero. Un retiro de solo un fin de semana se había convertido en años. Levantándome de la silla me dirigí al baño y observé mi imagen reflejada en el espejo, la barba desgreñada y enredada necesitaba una buena pasada, tire de la cadena y me dirigí de nuevo hacia el ordenador. De nuevo otra lucha contra los huecos en blanco, y los bloqueos. La vida es un caos, como mi casa y mi mente, ideas a medio concebir. Borrar y volver a reescribir, una y otra vez, pero nunca esta lo bastante bien escrito, otro trago al vaso con gotas de condensación en el cristal y el sabor á condenación, el calor y la humedad de la mar no me permiten dormir. Parado frente a la ventana, las horas pasan lentas, pero cuando echo la vista atrás, los años se han pasado volando. Agito el vaso me apoyo en el alfeizar de la ventana sosteniéndolo entre los dedos de las manos. Me he parado a pensar incontables veces hacia donde se dirige mi vida y que me deparan el destino y el futuro, pero aún no he descubierto la respuesta, deseando desaparecer, pero no sucederá, pasarán los años, pero seguiré igual, recordando todos los buenos momentos compartidos con los amigos y las parejas a lo largo de la vida, esos años que no volverán. Momentos guardados en mi retina y grabados a fuego en mi alma. Inspiré el aire salino, del mar. Las musas debieron de olvidarme, desechándome a un lado del camino.
De vez en cuando vuelvo a abrir el baúl de los recuerdos olvidados, para encontrar la respuesta á en que me equivoqué, pero no hay segundas oportunidades, la penitencia, cargada sobre mis hombros, como una cruz de toneladas, que me va clavando en la tierra y me impide avanzar. La solución, no fue la más correcta, simplemente la más fácil, huir, alejarme de todo por un tiempo, al final vivo un exilio, sin tener el coraje suficiente para enfrentarme a mis demonios y mis miedos. Ahora, la soledad es mi única compañera fiel y las palabras a medio escribir son la conversación que mantengo con ella y conmigo.
Soledad, un cigarro, la playa y la luna con su reflejo roto en el agua del mar