El crugir de sus pisadas,
el silencio de la noche,
la quietud de las estrellas.
la mar calmada, entonces
y solo entonces lo oigo,
el triste mirar del Norte
y el pálido silencio de
una muerte que se esconde
aguardando el momento
en que mi endeble torre
se desplome, quedando yo
debajo y mis honores
sepultados. Bajo escombros
extendido en el monte
Yaceran mi alma y cuerpo
esperando inmunes donde
se les deje, donde caigan,
a que agua y viento borren,
Del todo, su memoria.
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