Hoy la luna se alza con un brillo opaco y solitaria en esta noche de los muertos. Las olas rompen mudas en su lucha sempiterna contra las rocas de la orilla.
El asfalto cruje bajo el peso de mis pisadas y el litro en mi mano llora por mí. El humo del cigarrillo se eleva desde mi boca resistiendo a desvanecerse en la soledad de la noche, mientras intento encontrar, dentro de mí, un corazón desaparecido.
Un nudo en la garganta me arrebata la mitad del aire y por más que la riego con cerveza tequila no se deshace. La culpa y la ira golpean la puerta, pero mi cerebro desoye sus llamadas y sigue desconectado.
Te fuiste detrás de tu amigo Koldo y tu hermano Pedro. No caminas sólo en tu camino. Te acompaña Quinto, ese animalico demasiado inteligente para ser un perro. Que seguro estuvo esperando a que le dieras el paseo de camino a algún lugar fuera de nuestro alcance.
Casi un año ya desde que te fuiste, y demasiadas palabras que quedaron por decir y recuerdos por crear.
Hoy las farolas lucen tenues y el ruido de los coches se vuelve mudo.
Te mando saludos para la tata, Maite y para Pedro. Diles que me esperen, que aunque tardaré, también iré a encontrarme con ellos.
Cuando llegue el momento volveremos a beber y a reírnos.
Cuidate, te echamos de menos.
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