jueves, 20 de marzo de 2014

Miradas en la noche.

No se esperar el día que viene, las horas se abalanzan en una cascada de segundos, eterna, como si al mirar pasar el tiempo a través de un líquido espeso el movimiento quedase congelado en nuestras retinas,  captando hasta el mas pequeño detalle. El sonido de una gota de lluvia golpeando contra  la chapa de una tienda, el olor a ozono en la atmósfera,  tras la lluvia, y un rayo de sol asomando tímido entre las nubes, y mi alma atrapada entre sentimientos contrapuestos.
La noche despejada y luna nueva, el sonido del mar, y la arena de la playa entre los dedos de mis pies, fumando un cigarro con la vista clavada al frente,  y la mente muy muy lejos de ese lugar, perdida en recuerdos de una vida que se acabo y no regresará más. El humo hace espirales ascendiendo lentamente, la brisa marina va alejándolo, hasta que se difumina confundiéndose con la noche.
Di otra calada, observé el humo desvanecerse, giré sobre mis pasos avanzando entre las pequeñas dunas hasta la entrada del jardín de la casa, me volví y por última vez miré el mar. Me adentré en el jardín, subí las escaleras y entre en la casa. El cielo empezaba a clarear por el este con un tono rosado azulado,  en pocas horas saldría el sol. Sentado frente al ordenador comencé a pulsar el teclado, las palabras se iban sucediendo como el ron que vuelcas en la copa. Un cigarro acompañado de un Santa Teresa y las horas muertas delante de la pantalla del ordenador,  las palabras cobrando vida a través de mis  dedos. La soledad y la tranquilidad de aquel pequeño pueblo costero. Un retiro de solo un fin de semana se había convertido en años. Levantándome  de la silla me dirigí al baño y observé mi imagen reflejada en el espejo, la barba desgreñada y enredada necesitaba una buena pasada, tire de la cadena y me dirigí de nuevo hacia el ordenador. De nuevo otra lucha contra los huecos en blanco,  y los bloqueos. La vida es un caos, como mi casa y mi mente, ideas a medio concebir. Borrar y volver a reescribir,  una y otra vez, pero nunca esta lo bastante bien escrito, otro trago al vaso con gotas de condensación en el cristal y el sabor á condenación, el calor y la humedad de la mar no me permiten dormir. Parado frente a la ventana, las horas pasan lentas, pero cuando echo la vista atrás, los años se han pasado volando. Agito el vaso me apoyo en el alfeizar de la ventana sosteniéndolo entre los dedos de las manos. Me he parado a pensar incontables veces hacia donde se dirige mi vida y que me deparan el destino y el futuro, pero aún no he descubierto  la respuesta,  deseando desaparecer, pero no sucederá, pasarán los años, pero seguiré igual,  recordando todos los buenos momentos compartidos con los amigos y las parejas a lo largo de la vida, esos años que no volverán. Momentos guardados en mi retina y grabados a fuego en mi alma. Inspiré el aire salino, del mar. Las musas debieron de olvidarme, desechándome a un lado del camino.
De vez en cuando vuelvo a abrir el baúl de los recuerdos olvidados, para encontrar la respuesta á en que me equivoqué, pero no hay segundas oportunidades, la penitencia, cargada sobre mis hombros, como una cruz de toneladas, que me va clavando en la tierra y me impide avanzar. La solución, no fue la más correcta, simplemente la más fácil, huir, alejarme de todo por un tiempo, al final vivo un exilio, sin tener el coraje suficiente para enfrentarme a mis demonios y mis miedos.  Ahora, la soledad es mi única compañera fiel y las palabras a medio escribir son la conversación que mantengo con ella y conmigo.
Soledad, un cigarro, la playa y la luna con su reflejo roto en el agua del mar

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este es el estilo de escritura que me gusta. Muy bueno, me encanta!