jueves, 25 de febrero de 2016

Un dia cualquiera en sanjose

Unas cervezas, el último cigarro, unos chupitos de tequila, unas partidas de dardos; suena Mean blues de Floyd Lee en la radio. Somos los últimos clientes en el Monsul. La noche ha pasado de su equinoccio. Estoy borracho, pero la noche mantiene su chispa de juventud. Mañana será otro día. Somos los mismos de siempre... Y... no me importa. Las luces tenues y el humo difuminan los colores.
Seguimos la fiesta, aunque se haya acabado, por que...
...porque... la llevamos dentro. Se me acumula el trabajo, en forma de tercios de cerveza. Son las tres cuarenta y cuatro de la mañana.
Una vida currando detrás de una barra y  bebiendo delante de otra barra.
Da igual la velocidad del reloj.
No tengo prisa. Bebo para olvidar, bebo para recordar y bebo para evadirme de este mundo, y sumergirme en la inconsciencia.
La mayor parte del tiempo me encuentro mejor sólo, aislado dentro de mi cabeza, perdido en los mundos de Yupi.
La infancia pérdida, la inocencia olvidada en la esquina de un parque. Los columpios se balancean, solitarios, antes de desaparecer por que los niños ya no bajan a jugar.
No busques un mensaje. No busques calor en este blog, sólo rayadas de un alcohólico, que no siente el calor del Sol en verano.
Las alegrías las confundo con lágrimas. La vida se volvió insípida de tantos sabores y sentimientos encontrados.
Alegría.
Viejos amigos.
Antiguas relaciones.
Nuevos conocidos.
Viejos  lugares, cambiados por otros.
Pero lo que nunca, nunca cambiará, será el pasar de los segundos que se convierten en años.
De vez en cuando miro al pasado y me preguntó que he avanzado. Un trago de whisky con hielo que me rasga el estomago. Acabare tirado en la cama sin saber donde esta el norte.
Lo último que os diré será, un abrazo desde el infierno helado de mi corazón. Os dejó descansar, que yo seguiré el camino hacia la perdición.

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