El viento levanta las hojas como bandadas de pájaro, trayendo el frío de las nieves de la Cordillera Eterna.
El otoño da su paso al invierno. El sol se enfría y las gotas del rocío quedan petrificadas colgando de las ramas de los árboles desnudos, como flechas de diamante. La luz se transforma al pasar a través de ellas llenando el paisaje con arco iris.
El viento se clava por todo el cuerpo, como alfileres, el vaho casi se congela al salir de la boca. Con cada inspiración el aire da puñaladas en los pulmones. Pero la vista es la más hermosa que haya visto en toda mi vida. Despejada, que casi puedo ver la curvatura de la tierra y el cielo, sin una nube, de un color azul celeste.
Apenas hay aire que difumine los contornos de las montañas más alejadas, envidiando a lo halcones por las vistas que contemplan en cada vuelo. El poco peso del aire a estas altitudes hace que, tengas que ganártelo, en una lucha de poder a poder entre él y tu.
Las bajas temperaturas hacen que me duelan los músculos de tanto tiritar. Los dedos están agarrotados y apenas puedo pensar en ellos como propios.
El atajo a sido duro, pero valió la pena. Me he ahorrado dos semanas de viaje y aún estoy a tiempo de alcanzarla antes de que la entreguen para su ejecución.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Persecución
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Un nuevo comienzo
Entró en la terraza del restaurante little italy y Caminó entre las mesas hasta una que había en una esquina y se sentó sólo.
Tres años cambiando constantemente de sitio. No llevaba lo que se podía definir como vida sedentaria precisamente. No desde que hubo estado durante diez años atrapado y viviendo en Agnials. Ahora, los ruidos de la ciudad y la tecnología le agobiaban. Las prisas de las grandes ciudades como Roma, París, Nueva York, Londres o Madrid le agobiaban. La gente corriendo a todas partes como si llegara tarde a la reunión de su vida. Aún le pasaban factura todas las horas que pasó subido a caballo para intentar salvarla. Las lágrimas aún le resbalaban por las mejillas hasta acabar goteando en el suelo. No pudo llegar a tiempo ni despedirse de ella. A mitad del camino le golpearon dejándole inconsciente y cuando había vuelto a despertar estaba tendido en el parque del retiro en mitad de la noche, la cabeza y el cuello le martilleaba y cuando se llevo la mano a la nuca y se la miro estaba manchado de sangre. Desde entonces no había vuelto a ser el mismo.
La camarera le volvió a llamar para captar su atención. Le preguntaba si iba a tomar algo más.
- Ron, por favor.
Levaba 4 años atormentándose por no haber podido salvavarla. Desde que había vuelto, cuando comía era como masticar carbón y ceniza. Solo la bebida y la sensación de fuego bajando por su garganta y las horas póstumas de la inconsciencia le calmaban el vacío estancado en la boca del estómago.
La camarera volvió a los pocos minutos con una botella de Zacapa 23.
Todo parecía un sueño. Pero se sentía fuera de lugar. Cuando le preguntaban por ésos años que pasó desaparecido sólo se encogía de hombros. A quien le podía contar la verdad? Nadie le creería. Si ni el mismo llegaba a todavía a comprender qué había sucedido, sólo las cicatrices que recorrían su cuerpo eran testigos de su viaje.
Le encontraban cambiado, con la vista pérdida. Poco a poco se había ido alejando de la gente que le quería. No podía olvidar los nombres de sus compañeros caídos. La mayoría de ellos no recibieron un entierro, abandonados tras una batalla o escaramuza. Pero la pérdida que más le dolía era la de Selenne.
Se llevó el vaso a los labios y se bebió el líquido ámbar de un trago, pagó y levantándose se marchó del restaurante.
Caminaba sólo, en mitad de la noche, los coches pasaban a cuentagotas por la carretera, el viento frío le hizo subirse las solapas de la cazadora y subirse la cremallera aún más.
Lo acababa de decidir, volvería a Agnials. Ya no le quedaba nada aquí, buscaría la manera de volver. Repetiría lo que hizo la última vez pero, eso era lo peor de todo, no se acordaba lo que había echó aquella noche. Bebió mucho... Y nada, no había nada más en su cabeza, solo un dolor sordo cada vez que intentaba pensar en los sucedido. El dolor desaparecía si saltaba toda el borrón y oscuridad de sus recuerdos entre la primera copa y cuando se despertó en mitad de El Bosque Viejo.
Siguió andando pausadamente y dobló a la derecha la esquina, y corrió hasta la la siguiente calle y nada más girar de nuevo a la derecha se paro, pegándose a la pared y agachándose miró por el borde, con la cabeza rozando el suelo, nadie. Se puso en pié y con la espalda apoyada en el muro, aguardó en silencio contando mentalmente los segundos y con el oído preparado para captar cada sonido. Siguió aguardando y, ahí estaban, de fondo, unos pasos aligerados de una persona corriendo. De golpe se pararon a cincuenta metros, más o menos a la altura de la anterior intersección.
La tensión en el aire de la noche se podía cortar. Se oyó el ruido de un transistor y una persona contestando, y los paso se empezaron a alejar.
El continuó todavía una hora más sin moverse, atento a cualquier ruido pero, sólo se oía algún coche pasando una dos calles más abajo. Calándose el sombrero comenzó a andar directo al hotel donde se alojaba.
lunes, 31 de agosto de 2015
Visión
Veo la vida a través del humo de un cigarrillo y de litros de cerveza. Me escondo dentro de los bares y de los pub. Mi vida se limita al trabajo y al poco ocio que me deja. Todo el día dentro de cantinas, bares y sitios similares o bien detrás de una barra atendiendo clientes que a veces ven a un autómata defectuoso en vez de a una persona y otras consumiendo alcohol y cajetillas de tabaco rubio.
Sigo sin encontrar un sentido por el cual merezca, de verdad, la pena haber venido a este mundo.
Otros sitios donde me gusta sumergirme y esconderme de este absurdo son los libros, que me transportan a otros mundos, donde me siento más vivo que aquí. No encuentro un sitio o una profesión en la que de verdad encaje. Vivo hastiado de esta vida donde lo más importante es cuanto tienes o lo listo o guapo puedes ser. Pues bien señores y señoras, clientes y clientas con prisa, más preocupados por todo esto, un mensaje de mi parte: vayansé todos a tomar por culo y a comer mierda y disfrutenlo.¡ Salud!
Con todo esto yo sigo con mi vida buscando ese lugar donde verdaderamente llegue a encajar sin preocuparme de nada. La vida sigue y no se detendrá. Si algo de lo poco que he llegado a aprender de esta vida es, que no se puede parar el tiempo ni para bien ni para mal. Lo único que podemos hacer es para no perder los buenos momentos resguardarlos en nuestra memoria y en nuestro corazón y, rememorarlos cuando queramos o nos sintamos abatidos o deprimidos cuando nos caen palos de todos lados
domingo, 22 de febrero de 2015
Enfrentamiento entre hermanos
Estáis equivocados con vuestro culto a morthor
- equivocado, mortal? Quien sino yo, que he vivido más de trescientos años, lo sabría
-Mortal? Mortal?
Golpeando fuerte con su cayado en el suelo - Osas llamarme mortal a mi Lubark señor de los Malditos? Tu!, un simple cachorro, que no ha vivido lo suficiente como para cansarse de vivir. Tu que nada sabes?
Su pelo cano, bailaba mecido por el aire y sus gestos, la vena de su cuello le habría reventado si aun le latiera el corazón.- Te daré un consejo, niño: cuando tus mayores hablen, mejor será que no te metas y mantengas tu boca sellada. Cogerlo o no es asunto tuyo y de nadie más pero, no vuelvas a dirigirte a mí a menos que te de permiso.
El aura que emanaba de su voz y su presencia era tan opresiva y amenazante que hasta respirar era un suplicio. Algo mas calmado se giro y centrando su atención en Ishamael le dijo - Y tú, hermano, que has hecho? Como has podido ser capaz de corromper tanto el culto y nombre de nuestro dios?
Ishamael, sentado en su trono, con los brazos apoyados en los reposabrazos, seguía sin decir nada. Sus ojos, ocultos bajo sus párpados y una media sonrisa dibujaba su cara. Lentamente se levantó y caminó hacia lubark. El tiempo, pareció congelarse, en cuanto llego a la altura de lubark.