El viento levanta las hojas como bandadas de pájaro, trayendo el frío de las nieves de la Cordillera Eterna.
El otoño da su paso al invierno. El sol se enfría y las gotas del rocío quedan petrificadas colgando de las ramas de los árboles desnudos, como flechas de diamante. La luz se transforma al pasar a través de ellas llenando el paisaje con arco iris.
El viento se clava por todo el cuerpo, como alfileres, el vaho casi se congela al salir de la boca. Con cada inspiración el aire da puñaladas en los pulmones. Pero la vista es la más hermosa que haya visto en toda mi vida. Despejada, que casi puedo ver la curvatura de la tierra y el cielo, sin una nube, de un color azul celeste.
Apenas hay aire que difumine los contornos de las montañas más alejadas, envidiando a lo halcones por las vistas que contemplan en cada vuelo. El poco peso del aire a estas altitudes hace que, tengas que ganártelo, en una lucha de poder a poder entre él y tu.
Las bajas temperaturas hacen que me duelan los músculos de tanto tiritar. Los dedos están agarrotados y apenas puedo pensar en ellos como propios.
El atajo a sido duro, pero valió la pena. Me he ahorrado dos semanas de viaje y aún estoy a tiempo de alcanzarla antes de que la entreguen para su ejecución.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Persecución
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